Casa de Mochileros = Familia de mochileros

patio casa de mochileros

Los Mochileros son una comunidad unida, cuando estas viajando estas abierto a conocer gente, estás buscando amigos, compañía, y con quien disfrutar, cuando cruzas un viajero esta siempre dispuesto a entablar conversación, a compartir un almuerzo, o un rato de conversación. Este hotel llamado Family House es un ejemplo de esto, los viajeros compartiendo todo el tiempo, toda la energía, música, comida, alimento y hasta regalos.

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Estas imágenes son tomadas de las paredes del Family House:

 

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La experiencia en Family House fue muy interesante, estuvimos compartiendo habitación con casi diez personas, y tal vez 30 en el hospedaje, pagábamos quince bolivianos entre los dos, en la casa se compartía todo, la comida se hacía para todos así que no había que preocuparse por ella, pues siempre había comida rotando en platos en la sala, algunos compraban los alimentos, otros los preparaban y otros lavaban los platos. En la sala se hacía música todo el tiempo, había dos habitaciones compartidas y un patio para fumadores. Los equipos los guardábamos arriba en la casa de la dueña cuando salíamos y nos cobraba un boliviano por custodiarlos todo el día. Trabajábamos en la esquina, aunque no era muy bueno el semáforo, solo íbamos una hora o dos al día y volvíamos a la casa a hacer comida, a grabar y a descansar. En el semáforo no dejaban trabajar, porque hace un tiempo habían atropellado a un argentino en el semáforo y había muerto, algunos iban unas horas al día o se subían al alto en bus, pues en ese momento todavía no estaba el teleférico.

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LOS LOCOS DE FAMILY HOUSE: Casa de Mochileros

 

Family House es una casa con todas las paredes pintadas con dibujos y letreros de viajes, cocina, patio, y un ambiente muy familiar.

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En la casa había un boliviano, muchos argentinos y colombianos. La mayoría de los colombianos eran algunos estudiantes de la Universidad Nacional, que estaban tomando sus vacaciones y estaban alucinados con el ambiente del lugar, viajaban con una guitarra y por primera vez en su vida se habían subido a un bus a tocar, estaban haciendo 70 bolivianos diarios y querían quedarse para siempre en aquel lugar.

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Había un argentino cordobés de pelo rubio largo y bigote, con la pinta clásica de un hippie de los setentas, la cara monstruosamente destrozada por el frío sol de La Paz, tenía un talento innato para la música, tocaba guitarra y cantaba como un músico famoso y salía al semáforo con su guitarra a pedir dinero, había compuesto una canción que decía: “yo necesito un boliviano para volver a la Argentina, sino me das un boliviano….”, a todos nos daba mucha risa, pero personalmente nunca pediría dinero de esa manera, menos con ese talento tan grande.

En la Paz se ven muchos ciegos, muchos dicen que es por culpa del agua, yo creo que es el sol, la paz está a 3900 metros de altura, y la cantidad de atmósfera no alcanza a detener muchos rayos del sol nocivos para los ojos y la piel, de manera que es recomendable usar gafas con filtro UV y bloqueador solar.

 

 

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Tiempo después partimos con Hasan, otro colombiano, hacia Argentina. Hasan viajaba desde hace cinco años por Suramérica había estado más de seis meses en Máncora, haciendo plata y comprando piedras. Quería llegar a Iguazú pues ahí era donde había aprendido macramé y era lo único a lo que se dedicaba y lo hacía muy bien. Llevaba cinco años sin volver a Colombia y ya extrañaba su familia.

 

El viaje de turismo

 

 

  • Mucho dinero, poco tiempo: En La Paz, nos encontramos con Iván, un amigo que venía desde Estados Unidos, traía los discos Blu Ray con la información que había perdido por el daño en el disco duro, y traía una gaita colombiana para remplazar la que habíamos botado saliendo de Colombia. Había venido a conocer el salar de Uyuni.
  • Fue contrastante encontrarme con ellos después de tanto tiempo, pues llevaba mucho tiempo gastando lo mínimo y ahora había descubierto que para ellos el dinero no era un problema, pero el tiempo si lo era. Mientras ellos tenían dinero estaban estresados por el tiempo, y yo que no tenía dinero estaba tranquila, viajando lento, sin lujos, pero pisando firme.

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En Bolivia encontremos los cielos más hermosos de nuestras vidas, las nubes mas esplendidas, pero  llovía mucho. Bolivia tiene fama entre los viajeros de ser un lugar de mucho dinero, pero precisamente por eso, las leyes del país impiden que se trabaje, en muchos lugares esta prohibido, sin embargo muchos lo hacen, nosotros pudimos pasar sin trabajar, casi nada,  los paisajes eran tan exóticos que el dinero y el frío no era un impedimento para disfrutarlo.

En Oruro llegamos a un hotel. Al poco tiempo de llegar de comer, llegó la policía de migraciones a la habitación sin ningún aviso, era la media noche, nos pidieron los documentos y se fueron. Al día siguiente nos fuimos para Uyuni. En Uyuni llovía y no había tours hacia el salar, tampoco había nadie en las calles, no había semáforo, ni restaurantes y el hotel estaba vacío. Al día siguiente arrancamos para Argentina, en un muy buen tren que nos libraba de hacer la ruta de la muerte, para luego coger el trayecto en un bus que llovía por dentro.

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