¿Volver o no volver?

Viajo sin parar desde el 2012, 5 años de viaje y ya no concibo parar…

Extraño mi casa, extraño mis amigos, aunque tengo tantos amigos en el viaje, pero son amigos que tal vez no voy a volver a ver.

Es más estoy segura de que a la mayoría no los voy a volver a ver.

El futuro es incierto, no se donde estaré, ni donde voy a volver.

Extraño mi familia, la música de mi país, las fiestas, la energía de mi tierra, esa danza incontenible que te hace mover cada segmento de tu cuerpo; son las gaitas y los tambores, es la marimba, son las sonrisas de la gente.

A veces extraño hablar como se habla en mi país, pues aquí nadie me entiende, incluso cuando hablamos el mismo idioma.

A veces así este en Latinoamérica hablo más ingles y francés que español, pues hay más viajeros extranjeros que latinos.

Voy para lejos y cada paso que doy me aleja mas de mis raíces, pero se que hay mucho mundo que me espera, y cada paso que doy me abre más horizontes; mi mapa mental se divide en dos el mapa que conozco y el que se llena de lugares imaginarios que se complementan con un sinfín de historias y descripciones formadas por experiencias ajenas.

Cada día conozco más nacionalidades, conozco más sonrisas e idiomas y también descubro que todos tenemos un idioma común, que queremos compartir, que queremos conocer, que queremos hacer amigos.

Cada día veo ojos que brillan cuando les digo “soy colombiana” y me sorprende encontrar tanto amor de tantos desconocidos, abrazos duraderos, personas que me hablan como si ya me conocieran, personas que me quieren aún antes de conocerme.

Compartir con alguien, con una familia que hace unos días no conocías y ahora estas sentada con ellos en la mesa comiendo, que te cuiden cuando estas enfermo, que te inviten a la fiesta o a un chocolate caliente.

Que te canten y que tu vos se una con la de ellos, como si todos estuviéramos conectados, como si ya nos supiéramos la canción, incluso cuando la canción no existe, o cuando la melodía se crea en el camino.

Cada momento es distinto, cada lugar es diferente y todo depende de las personas que hay, de tu estado de animo, de tu disposición, de tu apertura al mundo.

Cuando dejas fluir, todo fluye;

cuando aprendes a escuchar, conoces;

cuando te dejas conocer, logras crear lazos.

Dejar fluir es seguir los sentimientos, las emociones. 

Dejar fluir es dejar que el camino se haga solo, dejarse llevar por el viento, dejar que pase lo más fácil, seguir tus instintos y no oponer resistencia:

Es más fácil dejarse ir, que quedarse oponiendo resistencia.

La vida se llena de lunas llenas rodeadas de personas de diferentes países, de tambores, de gente que ama viajar, sentir, conocer y amar.

La familia

La familia son los viajeros, los que nos cuidan los que nos acompañan los que nos aman, pero también tenemos una familia en casa, la casa de mis padres, los amo, y quiero verlos. Los quiero, y quiero compartir con ellos pero tampoco puedo quedarme ahí siempre, tengo que hacer mi vida y la mejor manera de hacerla es hacer lo que las ganas me piden.

Soy alas, soy viento y sol, soy las llamas de una fogata que se mueven por inercia, que se alientan del oxigeno para brillar, soy a veces fría y a veces caliente, soy las olas del mar que vienen y van, soy el sol que brilla y la noche que se oculta, soy fluir y despegar.

Me muevo rápido, cambio de lugar con frecuencia, pero cuando encuentro un lugar que me gusta me quedo, no me gusta quedarme mucho, no es porque lo planee, sino porque así sucede, así soy yo, llega un momento en el que sale un llama de mi pecho que me quema y esa es la señal para partir, esa llama que dice sal, ya no estas cómoda, ya no puedes estar mas aquí. Entonces continuo mi viaje hacia donde me han hablado que es lindo, hacia donde me han recomendado. Cuando me gusta un lugar suelo estar un mes, si no me gusta una semana o quince días o a veces solo un par de días, las cosas solo suceden así.

Y de pronto decidí volver

Y decidí volver porque me quedé sin destino, porque extrañe la música,  porque sabía que me iría más lejos y tuve miedo de no volver, tuve miedo de extrañar demasiado mi tierra cuando estuviera lejos. Decidí volver porque vi un pasaje barato y me sentí cerca; porque quise saludar, saludar los lugares de mi corazón, saludar a mis amigos y mi familia, verlos y reconocerlos antes de que fuera tarde. Volví porque no sabía sino volver.

Barichara, Colombia

Quise volver a mi tierra, no se muy bien cuanto tiempo estuve afuera, pero seguro fue más de un año y medio, viaje mucho, fui muy feliz, fue tal vez el mejor año de mi vida.

Me he quedado sola, y soy más feliz que nunca. Antes viajaba en pareja, y aprendí demasiado, fui muy feliz y lo extraño muchísimo, pero ahora que viajo sola me siento realizada, es tan fácil divertirse cuando se esta solo, porque haces lo que te hace feliz! Te mueves con más libertad.

Volví, y volví porque amo mi tierra, porque extrañé su música, no es fácil escuchar una cumbia en una fiesta de danza estática, ¿dónde está mi sabor? el sabor de mi tierra me hace muchísima falta, y no soporto ser la única que baila con euforia cuando escucho mi música. Mientras todos bailan como si fuera un bals.

Concierto de música folclórica Colombiana

Mi primera sensación al llegar a Colombia

Lo primero que sentí fue que todo el mundo hablaba colombiano, puede sonar obvio, pero para mi cerebro no lo era, iba caminando en la calle y cada vez que escuchaba alguien hablar volteaba energéticamente como si fuera alguien que conocía, al verlo me repetía, estoy en Bogotá es un rolo más (de Bogotá)…. llevaba muchos meses que me alegraba de ver un Colombiano, que tenia el radar activado para identificarlos, que podía diferenciar un colombiano con tan solo una palabra, un hola o incluso una onomatopeya. Y ahora el radar estaba loco, estamos en Colombia no es que los conozca, todos hablan rolo!!!!

A los dos días se calmo esta extraña sensación y según mis amigas yo también deje de hablar como en una telenovela mexicana.

Comí todo lo que pude comer y vi a todos los amigos que pude ver, camine sola por toda la ciudad recordando cada momento, recordando a mis mejores amigos, recordando aquellos momentos que no van a volver.

Changua (con leche y huevo), Colombia

Vi el estrés de mis amigos en el trabajo, amigos con trabajo, sin trabajo, amigos con dinero, otros sin dinero, vi el estrés del pago de la renta, del pago de los servicios, vi la cotidianidad, el afán por comprar, vi la rutina, vi aquello que dejé y que nunca tuve pues huí a tiempo. También vi lo que es tener amigos, amigos duraderos, de esos que están siempre ahí, vi lo que es estar cerca de la familia, vi lo que es tener una casa organizada.

La ciudad la vi igual, excepto por unas rutas de buses que cambiaron, los restaurantes seguían en el mismo lugar, mi casa estaba igual, mis perros igual, mi familia igual, solo que ahora no se hablan entre si.

A mis amigos los vi igual excepto por que unos quedaron embarazados, otros están más gordos, otros, más viejos, a uno de ellos ni lo reconocí! Y eso me dejo muy preocupada pensando que tengo que verlos a todos antes de que sea demasiado tarde….

No quiero quedarme a esperar ver los cambios, solo quiero vivir mi vida, disfrutar mi libertad, temo lo que me puedo perder, pero aun así no puedo dejar de vivir la vida que quiero vivir: Viajar y conocer.